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Instituto de Salud para el Bienestar, ¡ A financiarlo bien, ya!

Por Rafael García Tinajero Pérez/#GrupoPeriodísticoDeMichoacán

Una aspiración por la que debemos luchar y trabajar los mexicanos de ésta  generación, independientemente de nuestra filiación partidaria, política o ideológica, es la de algún día contar con un Sistema Universal de Salud que dé a todos por igual acceso efectivo a servicios de calidad, integrales y con protección financiera que evite el gasto empobrecedor y catastrófico.




Hace unos días tocó a su fin la era del Seguro Popular, éste, desde mi punto de vista tenía un buen sustento conceptual y estaba bien planeado, sus problemas fueron sobre todo de implementación y operación. Recién surgido,  algunos legisladores federales tuvimos la oportunidad de expresar nuestro punto de vista sobre algunas situaciones que, después se vio en la práctica , podrían afectar la funcionalidad de aquel sistema, trastocar la necesaria separación de funciones entre financiador y prestadores del servicio; favorecer a las entidades federativas y a las familias en posibilidad de aportar no hacerlo;  favorecer el desvío de recursos o la compra de bienes y servicios ineficaces y costosos y hasta la posible desviación del dinero del Seguro Popular para otros fines. Todo esto terminó por suceder y dio un argumento , bueno o malo, para extinguirlo.

Pues bien , hoy que nace él INSABI, desde donde estemos, tenemos que hacer ver algunos de sus problemas de arranque que pueden resultar ser grandes y graves lastres en un futuro no lejano.

El INSABI tiene por finalidad atender a toda la población sin seguridad social, aproximadamente 70 millones de mexicanos, con un paquete ilimitado de servicios, sin pago por concepto de cuotas y, por si fuera poco, un cambio en el esquema laboral para absorber al personal en plazas estatales del sector salud. Todo lo anterior es posible, pero no sin un financiamiento suficiente que vaya más allá de lo que se logre ahorrar mediante medidas de austeridad, honestidad y combate a la corrupción.

Sabemos del sentido de urgencia del actual gobierno por desaparecer al Seguro Popular, promesa de campaña de nuestro hoy Presidente. También por atender a aproximadamente 20 millones de mexicanos sin acceso a servicios de salud . Precisamente para que las buenas intenciones no terminen en malos resultados es necesario ir tomando ya medidas legislativas y administrativas que modifiquen las recientemente aprobadas y puestas en marcha para asegurar que el INSABI sea, sobre todo,  fiscalmente sostenible, esto significa considerar riesgos, hacer proyecciones actuariales , generar una ruta crítica realista en tiempos y recursos.
Legislar y administrar para que los costos por afiliado, por usuario y por intervención de salud puedan ser cubiertos. Para una adecuada selección de los problemas de salud que deberán atenderse prioritariamente mediante acciones del menor costo, mayor beneficio y alta efectividad.

Determinar si es factible iniciar con un paquete ilimitado de servicios o mantener esto como la meta e iniciar con un paquete esencial  de servicios que cubra los padecimientos más comunes con intervenciones de salud materna, infantil, de enfermedades infecciosas y crónico-degenerativas. En otras palabras: dimensionar los costos de la atención y su impacto presupuestario.

A lo anterior habrá que añadir el estudio del impacto de la transición demográfica y epidemiológica y hacer proyecciones en el tiempo tanto de las intervenciones en salud como del dinero necesario para enfrentar la realidad del envejecimiento de la población y de la mayor prevalencia de enfermedades crónicas de alto costo.

Por último , a los costos de un paquete ilimitado de servicios y de una mayor población por atender se debe añadir el de absorber el personal de salud de los estados que actualmente se paga por honorarios y cuya basificación implicará pasivos laborales y contingentes que de no planearse bien darán por resultado  que el INSABI nazca endeudado.
No estamos en contra del paquete ilimitado de servicios para toda la población sin seguridad social. Tampoco de dar a los trabajadores de la salud en precariedad laboral la estabilidad, salario  y seguridad a la que tienen derecho, por el contrario, es justo y además necesario.
Solo pretendemos que desde el arranque,  el INSABI quede establecido con un marco legal impecable, socialmente aceptable, científica y técnicamente sustentado  y financieramente viable.

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